
Recién divorciado y nada más llegar a mi nuevo apartamento tuve un sueño.
Soñé que mi ex, llegaba en forma de fantasma hasta mi cama para cubrirme de reproches: “has sido un marido horrible” y además infiel, “tienes lo que te mereces”, vivir solo fuera de casa y además sin poder ver a tus hijos. “Ojalá te pudras en el infierno”.
Temeroso de que el sueño se repitiera, decidí recurrir a los servicios de un exorcista. No es que crea en estas cosas, pero como dicen los gallegos “haberlas ailas”.
El exorcista, un tipo barbudo y mal vestido saco de uno de sus bolsillos un extraño aparato, con el que dijo iba a medir la existencia de fuerzas malignas. Mientras yo le miraba con cierta desconfianza, empezó a pasar el dichoso aparatito por todas las habitaciones de la casa. Uf, exclamo tiene usted en su vivienda un espíritu maligno. En necesario tomar medidas urgentes; por lo pronto voy a regar toda la casa con agua bendita, poner debajo de su cama unas tijeras abiertas y un amuleto contra el mal de ojo en la puerta de su habitación.
Las medidas no sirvieron de nada porque el sueño como una maldición se repitió a la noche siguiente.
Desde entonces para mi desgracia he tenido que aprender a convivir con la presencia de mi ex que todas las noches me suelta la misma monserga: “has sido un marido horrible” y además infiel, “tienes lo que te mereces”, vivir solo fuera de casa y además sin poder ver a tus hijos. “Ojalá te pudras en el infierno”.
No se si cambiar de casa o irme de vacaciones.