
Esta noche hay luna llena y como siempre que esto ocurre me viene a la cabeza la vieja canción que refleja la quietud de la noche:
“Muere el sol
de las aves las canciones cesan ya,
elevar hacia Dios la oración”
Inevitablemente la evocación de esta canción origina que aparezcan a modo de destellos de luz, viejos recuerdos que han dejado profundas sensaciones emocionales en mi cabeza. Recuerdos tales como:
Las noches estrelladas de agosto cuando contemplábamos las estrellas desde nuestros sacos de dormir.
El sabor del primer beso o del primer cigarrillo.
El olor a fritanga de la cafetería del Instituto, donde solía comer todos los días un bocadillo de chorizo.
El inconfundible olor de tu perfume.
El sabor dulzón de la leche en polvo que nos daban para desayunar en el colegio.
La dureza de las pelotas de goma de los Almacenes Segarra que te regalaban cuando comprabas unos zapatos…
Es curiosa esta cualidad que tienen los flashbacks de evocar en un momento olores, sabores y a veces hasta percepciones táctiles que han dejado una profunda huella en tu cerebro. Los he escuchado de la boca de muchos de mis pacientes, como Juanita que presenció comó su hijo se ahorcaba en su habitación o Dolores que vio como las aguas de la Dana arrasaban su casa.
No deja de sorprenderme cómo el cerebro humano conserva en su seno recuerdos felices o amargos que al fin y al cabo son la esencia de la vida.
Agustín Moreno, abril 2025