Noviembre

Police and ambulance at a collision involving two damaged cars
Police, emergency crews, and bystanders gather around two damaged cars after a city street collision.

Noviembre había sido para mí hasta ahora un mes de transición que imponía el obligado cambio de la ropa de los armarios, donde las vestimentas de verano iban ocupando las cajas destinadas a ser guardadas en el tratero y camisas de invierno, jerséis de lana y demás ropa de abrigo iba ocupando los cajones y entrepaños iban rellenando los espacios dejados por las primeras. Un mes donde había que empezar a encender cada vez más pronto la calefacción y salir antes de que desaparezca de todo el sol para pasear por la playa.

Pero dos hechos ocurridos este mes cambiaran para siempre el significado de los próximos noviembres: la muerte prematura de Almudena Grandes y el accidente de tráfico que tuvimos el pasado domingo 28.

La muerte de Almudena Grandes

Me será difícil olvidar el sonido en el móvil del mensaje de alerta del resumen de noticias del periódico El País, al que suelo echar por costumbre una rápida mirada cuando llega a mi pantalla. La noticia me dejo helado, “Muere la escritora Almudena Grandes, una de las figuras más importantes de la literatura en español”, hasta el punto de que tuve que releer el titular varias veces para asegurarme que lo que allí ponía era cierto y no una mala pasada de mi presbicia ya que no llevaba puestas las gafas de leer. Con el móvil aun en la mano fui en busca de mi mujer:

Ángeles, se ha muerto Almudena Grandes.

No puede ser si solo tenía 61 años. Ha tenido que ser de que el cáncer que padecía era muy agresivo, porque el lunes apenas a pasado un mes desde que escribió en su columna del periódico que tenía cáncer, no te acuerdas que te la leí.

¿Cuándo fue la ultima vez que nos vimos? ¿No fue en Escuela de Verano de Izquierda Abierta en Castell de Ferro?

−Sí, no te acuerdas que se sentó con nosotros cuando estábamos desayunando con Berzosa −contestó mí mujer.

>>Que mala suerte. Tenemos que darle el pésame, aunque sea por Twitter a Luis García Montero.

Y así lo hicimos, mientras yo escribía en mi cabeza mi epitafio particular:

Hoy a muerto una compañera. Desde el más profundo respeto quiero recordarla viva, escribiendo, hablando con esperanza de la unión de la izquierda.

Hasta siempre Almudena.

El accidente de tráfico

Era domingo y habíamos ido a comer como casi todas las fiestas a uno de nuestros restaurantes preferidos del centro comercial próximo a nuestra casa, volvíamos pensando que película ver en la televisión del salón. Hiba cómodamente sentado en el sillón del acompañante mirando en la pantalla del móvil, liberado ya de la tortura de la obligatoria mascarilla, la programación de las diversas plataformas televisivas, cuando de pronto sentí un fuerte golpe y la sensación de que mi masa cerebral rebotaba contra las paredes de mi cráneo perdiendo por momentos el conocimiento, mientras una voz salida de mis adentros me insistía con urgencia a que “me dejara ir”.

Las llamadas angustiadas de Ángeles, “Agustín que te pasa”, unido a los vigorosos intentos de un hombre desconocido para ponerme derecho, pues al parecer estaba caído de lado, todo lo que el cinturón de seguridad abrochado permitía, sobre el asiento del conductor me sacaron del agujero negro en el que estaba metido y fue en ese momento al abrir de nuevo los ojos cuando fui por primera vez consciente de que un coche que se había saltado un ceda el paso a toda velocidad, había impactado contra el lateral de nuestro vehículo con tanta fuerza que le hizo girar hasta colocarnos en el sentido contario de la marcha.

Todavía bastante atontado y procurando moverme lo menos posible, como me habían enseñado que se debe hacer en estas circunstancias. Escuche al hombre desconocido, decirle a mi mujer, “señora no se preocupe, que ya he llamado al 112 y ya están en camino hacia aquí una ambulancia y la policía.

En los escasos diez minutos que tardaron en venir las asistencias, gracias a que el ambulatorio donde me trasladaron en primera instancia antes de remitirme al hospital está bastante cercano al lugar del accidente, atontado y sin moverme veía a Ángeles, bastante más templada que yo para estas cosas, moverse entre nuestro coche para ver cómo estaba yo y el otro vehículo accidentado con los papeles del seguro en una mano y en la otra el teléfono móvil para llamar a la grúa, ayudada en todas estas gestiones por aquel hombre desconocido, que al parecer y de manera inesperada había llegado en otro coche y aparcado en el arcén solo unos segundos después de ocurrir el accidente.

Con la llegada de la ambulancia, se inicio el protocolo, que tantas veces había visto cuando hacia las practicas en el 061 del Master de Emergencias y catástrofes, me colocaron el correspondiente collarín y tras pasarme a la camilla con todo cuidado, me condujeron a la ambulancia dentro de la cual el medico tras comprobar mis constantes vitales y ver que estaban más o menos estables ordeno al conductor del vehículo de auxilio tira para urgencias del hospital. Allí se quedo mientras tanto mi señora hablando con la policía municipal y esperando la grúa.

Urgencias

Cuando llegue a Urgencias estaba ya Ángeles esperándome, menos mal ya que pudo ocuparse del papeleo más pesado que el habitual por ser un accidente de trafico. Por lo demás todo fue trascurriendo según lo habitual. Anillo de papel autoadhesivo para la muñeca del paciente y pegatina de acompañante para mi señora, ni un maldito celador a la vista que te ayude con la silla de ruedas; sala de espera y media hora para el “triaje” protocolario; un tiempo que termina haciéndose eterno, para que te vea el medico residente mientras continuas en la sala de espera, gracias a dios poco abarrotada, contemplando la progresiva desesperación cuando no el cabreo de enfermos y acompañantes, que miran, que miramos como hipnotizados, la pantalla en la que tienen que aparecer junto a las iniciales de tu nombre y apellidos el numero de consulta en que vas a ser atendido.

AMS consulta 11, esta vez y por la edad de la doctora que te atiende deduces que te a tocado en suerte una medico adjunto y no el habitual MIR de tercer o cuarto año. Antes de la exploración las preguntas habituales para una historia clínica teóricamente informatizada, pero que te siguen haciendo cada vez que acudes a cualquier consulta urgente o no a este tu hospital de referencia. ¿Alergias?, ¿operaciones quirúrgicas anteriores?, ¿medicación que estas tomando?, dato este ultimo que conoce fácilmente cualquier farmacéutico en cuanto introduce tu tarjeta sanitaria en el lector correspondiente, pero ¡oh! que sorpresa no aparece en la historia del hospital, de la misma forma que la citada historia a perdido la memoria de que con el paso del tiempo fuiste operado de apendicitis, o de desprendimiento de vítreo en aquel lugar.

Terminadas las protocolarias preguntas comienza de verdad el “acto clínico”, con la exploración y el mandato de las pruebas correspondientes. En este caso radiografía y electrocardiograma y vuelta a la sala de espera a que te llamen para hacerte las pruebas. Pasa otra hora hasta que te llaman para que acudas a rayos y hacerte el electro, y as tenido suerte, porque en ese momento solo llevas 4 horas en urgencias.

Cola para que un radiólogo saturado de trabajo te pide que te pongas de frente y de perfil ante su maquina y nueva cola para que una enfermera igualmente saturada te coloque los correspondientes electrodos y terminadas las pruebas vuelta a la sala de espera. Miras el reloj y te das cuenta de que ya llevas 6 horas en urgencias y que te empiezan a sonar las caras de los enfermos y acompañantes que desesperan más que esperan en aquella sala.

Y pasan las horas y allá sobre las 10 de la noche, 8 horas en urgencias, te empiezas a “moquear”, cuando van desapareciendo sin sentido alguno, los apellidos y números de consulta del panel que preside la sala, hasta que caes en la cuenta que es la hora de la cena. Y te empiezas a cabrear porque te preguntas, la razón por la cual todos los médicos de turno en urgencias tienen que marcharse a cenar al mismo tiempo teniendo como tienen pacientes esperando a ser atendidos.

A las 10:45 vuelve la danza de nombres, apellidos y numero de consultas al dichoso panel y son cerca de las 12 horas, cuando ves de nuevo aparecer en el tus datos. AMS consulta 11.

Expectante y arto del collarín que rodea tu cuello escuchas lleno de alivio el dictamen de la doctora, “según las radiografías, no tiene nada roto, solo su corazón parece ir más lentito de lo habitual, pero no tiene importancia”. “Le voy a quitar el protector cervical y a recetar unos analgésicos para que se los tome durante una semana”.

Sin más preámbulos, la traumatóloga rellena e imprime tu parte de alta. Y tu aliviado por el diagnostico y sin darle demasiadas vueltas a que si hubieran golpeado nuestro coche unos centímetros más adelante, quizás el primer accidente de trafico de tu vida, hubiese tenido peores consecuencias para tu mujer y tu, abandonas el hospital en un taxi camino de tu casa.

Agustín Moreno, noviembre 2021

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