Recibí la llamada a las seis de la mañana

¾Agustin, a las ocho en la Base. Nos han avisado los de Salvamento Marítimo que han recogido a los náufragos de una patera.
En Málaga capital, este tipo de llamadas son escasas, los náufragos aparecen más cerca de otros puntos del litoral andaluz. Pero aun así hay que estar siempre atentos.
Llego a la base de Cruz Roja de Socorros y Emergencias a la hora convenida. El ritmo para la preparación del desembarco es frenético ya que está previsto que el barco de Salvamento llegue a puerto sobre las once de la mañana.
-¿Cuántas personas han rescatado? -pregunto.
¾Doce, ocho hombres, dos mujeres y dos niños ¾me contesta Joaquín, el coordinador del equipo. Tú, como siempre, irás en la furgoneta con Carmen, la asistente social, Rosalía, la enfermera; y Paco como conductor.
El resto de los voluntarios, unos doce, están cargando ya el furgón: mantas, agua y ropa de abrigo, más algún juguete para entretener a los niños.
Cuando llegamos al muelle donde se producirá el desembarco está ya allí la Policía Nacional de Extranjería. Sus agentes se encargarán de trasladar a los náufragos a la Comisaria para su identificación y posterior traslado al ya sobrecargado Centro para Extranjeros de la capital.
El barco de Salvamento se va acercando poco a poco al muelle. Sobre cubierta y a simple vista se puede ver, sentados en el suelo y ateridos de frío, a los rescatados, rodeados por los tripulantes enfundados en sus monos blancos de protección y con la cara cubierta por mascarillas FP2, para su protección, sobre todo contra la tuberculosis o cualquier otro tipo de enfermedad contagiosa que pudieran traer los rescatados.
Una vez amarrada la embarcación, uno a uno, cada naufrago va bajando por la pasarela del barco. Allí los reciben nuestros voluntarios, que les van arropando con las conocidas mantas rojas de Cruz Roja, mientras les dan la correspondiente botella de agua. Esta vez no ha sido posible montar la cafetería y no disponemos de bebidas calientes que les permitieran entrar en calor.
Carmen, la asienta social, y Rosalía, la enfermera, ya están dentro de la carpa. Tras el cribaje y las curas, si son necesarias y casi siempre lo son debido sobre todo a las quemaduras, Carmen procederá a la filiación de los inmigrantes, así como a explicarles el proceso policial que les espera y los derechos a los que pueden acogerse. Mientras tanto, yo atenderé los casos que necesitan recibir los primeros auxilios psicológicos. Entre tanto, los niños, en este caso un niño y una niña de unos ocho años, hijos de una de las mujeres rescatadas, son entretenidos por Zafira, nuestra educadora social fuera de la carpa.
Esta vez he tenido suerte y durante la travesía y el rescate no se ha producido ningún ahogamiento, con lo que mi intervención de ha limitado a brindar los primeros auxilios psicológicos.
Finalmente llega el amargo trago de entregar a los náufragos a la policía y tras desearles suerte, despedirnos de ellos, recoger nuestros trastos, volver a la base y esperar a que en mucho tiempo no se necesite más de nosotros.