El anillo
Esta mañana el coronel de mi regimiento de la guardia me ha dicho que el chambelán de la corte quería verme a la hora del té para encargarme algo de parte de su majestad.
—¿Por qué precisamente a mí y no a cualquier otro soldado del regimiento? —he preguntado.
—Quizás porque eres uno de sus guardaespaldas preferidos —me ha contestado el envarado coronel.
Así que a las cinco de la tarde y vestido con el uniforme de gala del regimiento, como exigen las ordenanzas, me he presentado en el despacho del chambelán.
—¿Da usted su permiso, mi señoría?
—Sí, pase usted teniente y, por favor, tome asiento —me ha indicado el funcionario real, que, sin más preámbulos, me ha contado cual era la misión que debía llevar a cabo. Su majestad ha ordenado que parta usted lo antes posible hacia la Columbia Británica, más concretamente a la ciudad de Nanaimo, desde allí y con la ayuda de la policía montada canadiense tomará un ferri hasta la isla de Tofino, donde se entrevistará con el cacique indígena de los Ahousaht, que le entregará un anillo, que tendrá que traer a palacio.
—La misión parece fácil, ¿por qué he de contar con la ayuda de la policía? —pregunté.
—Porque el anillo es extremamente importante para mantener la estabilidad de la corona en un futuro próximo, ya que está relacionado con la posible existencia de una rama hasta hace poco desconocida de la familia reinante, uno de cuyos miembros podía reclamar el Principado de Gales y por tanto a convertirse con el tiempo en el o la futura reina de esta isla. La explicación de este lio dinástico la tiene usted en el dosier que le será entregado al final de esta entrevista. El dosier que contiene información que como comprenderá debe mantenerse en el más estricto de los secretos. Le deseo suerte en su misión teniente —me despide el chambelán, al tiempo que uno de sus secretarios me hace entrega de un abultado dosier de tapas negras con la leyenda “Alto secreto” en la tapa.
A la salida de la entrevista, soy escoltado sin demora por miembros de la policía secreta hasta el aeropuerto militar más cercano a Palacio, donde con los motores en marcha me espera el avión que debe trasladarme a la ciudad de Nanaimo. Con el aparato ya en el aire y un tiempo estimado de vuelo de unas 14 horas, me arrellano en el cómodo asiento de este jet privado, en el que aparte de la tripulación y una bella azafata no parece viajar nadie más, y con un vaso de whiski en la mano, me apresto a leer el dosier que me han entregado antes de apagar la luz y tratar de dormir algo.
“Se sabe que entre los años 1815 y 1820 del siglo XIX, al capitán de la Guardia del Dragón del Príncipe de Gales, Edwyn Burnaby, tatarabuelo de la reina Isabel II, estuvo destinado en la Columbia Británica, antes de su matrimonio en 1829 con Ana Carolina Salisbury, madre de Caroline Louisa Burnaby, abuela materna de la reina madre y bisabuela de Isabel II.
Parece ser que, durante esta estancia en Columbia, el capitán se enamoró perdidamente de la hija mayor del cacique de la tribu Ahousaht, Haida, con la que llegó a mantener relaciones carnales en varias ocasiones dejándola embarazada de un niño, Ojibwa, que nació poco antes de la vuelta a Inglaterra del militar. El capitán Burnaby prometió a su amante indígena, que volvería al año siguiente para llevarse a ambos a la metrópoli, promesa que nunca cumplió, pero habiendo entregado a la princesa Ahousaht un anillo de compromiso. Los descendientes de su hijo Ojibwa han custodiado desde siempre el anillo, que hoy se encuentra en posesión del bisnieto de Edwyn Burnaby, Mi’kmaq, que es a su vez el actual cacique de los Ahousaht.
Tras arduas negociaciones con los representantes de su Majestad y a cambio de una importante cantidad de dinero, Mi’kmaq se ha comprometido a devolver el anillo de compromiso, renunciando a cualquier derecho dinástico que pudiera corresponderle para ocupar el trono británico, tanto de él como de sus descendientes”.
En un anexo adjunto aparecían varias conversaciones telefónicas entre la Policía Montada del Canadá y el Servicio Secreto Británico (MI6). Donde la policía canadiense advierte a este servicio de la detección de varios agentes rusos, que en colaboración con miembros de la tribu Hesquiaht, tradicional enemiga de los Ahousaht, y fuertemente comprometida con las reclamaciones indígenas de recuperación, tanto de los derechos históricos como territoriales sobre sus posesiones en la isla de Tofino, que les fueron arrebatadas en su día durante el proceso de colonización. Ante el Gobierno Canadiense, parecen dispuestos, por tEl anillo
Esta mañana el coronel de mi regimiento de la guardia me ha dicho que el chambelán de la corte quería verme a la hora del té para encargarme algo de parte de su majestad.
—¿Por qué precisamente a mí y no a cualquier otro soldado del regimiento? —he preguntado.
—Quizás porque eres uno de sus guardaespaldas preferidos —me ha contestado el envarado coronel.
Así que a las cinco de la tarde y vestido con el uniforme de gala del regimiento, como exigen las ordenanzas, me he presentado en el despacho del chambelán.
—¿Da usted su permiso, mi señoría?
—Sí, pase usted teniente y, por favor, tome asiento —me ha indicado el funcionario real, que, sin más preámbulos, me ha contado cual era la misión que debía llevar a cabo. Su majestad ha ordenado que parta usted lo antes posible hacia la Columbia Británica, más concretamente a la ciudad de Nanaimo, desde allí y con la ayuda de la policía montada canadiense tomará un ferri hasta la isla de Tofino, donde se entrevistará con el cacique indígena de los Ahousaht, que le entregará un anillo, que tendrá que traer a palacio.
—La misión parece fácil, ¿por qué he de contar con la ayuda de la policía? —pregunté.
—Porque el anillo es extremamente importante para mantener la estabilidad de la corona en un futuro próximo, ya que está relacionado con la posible existencia de una rama hasta hace poco desconocida de la familia reinante, uno de cuyos miembros podía reclamar el Principado de Gales y por tanto a convertirse con el tiempo en el o la futura reina de esta isla. La explicación de este lio dinástico la tiene usted en el dosier que le será entregado al final de esta entrevista. El dosier que contiene información que como comprenderá debe mantenerse en el más estricto de los secretos. Le deseo suerte en su misión teniente —me despide el chambelán, al tiempo que uno de sus secretarios me hace entrega de un abultado dosier de tapas negras con la leyenda “Alto secreto” en la tapa.
A la salida de la entrevista, soy escoltado sin demora por miembros de la policía secreta hasta el aeropuerto militar más cercano a Palacio, donde con los motores en marcha me espera el avión que debe trasladarme a la ciudad de Nanaimo. Con el aparato ya en el aire y un tiempo estimado de vuelo de unas 14 horas, me arrellano en el cómodo asiento de este jet privado, en el que aparte de la tripulación y una bella azafata no parece viajar nadie más, y con un vaso de whiski en la mano, me apresto a leer el dosier que me han entregado antes de apagar la luz y tratar de dormir algo.
“Se sabe que entre los años 1815 y 1820 del siglo XIX, al capitán de la Guardia del Dragón del Príncipe de Gales, Edwyn Burnaby, tatarabuelo de la reina Isabel II, estuvo destinado en la Columbia Británica, antes de su matrimonio en 1829 con Ana Carolina Salisbury, madre de Caroline Louisa Burnaby, abuela materna de la reina madre y bisabuela de Isabel II.
Parece ser que, durante esta estancia en Columbia, el capitán se enamoró perdidamente de la hija mayor del cacique de la tribu Ahousaht, Haida, con la que llegó a mantener relaciones carnales en varias ocasiones dejándola embarazada de un niño, Ojibwa, que nació poco antes de la vuelta a Inglaterra del militar. El capitán Burnaby prometió a su amante indígena, que volvería al año siguiente para llevarse a ambos a la metrópoli, promesa que nunca cumplió, pero habiendo entregado a la princesa Ahousaht un anillo de compromiso. Los descendientes de su hijo Ojibwa han custodiado desde siempre el anillo, que hoy se encuentra en posesión del bisnieto de Edwyn Burnaby, Mi’kmaq, que es a su vez el actual cacique de los Ahousaht.
Tras arduas negociaciones con los representantes de su Majestad y a cambio de una importante cantidad de dinero, Mi’kmaq se ha comprometido a devolver el anillo de compromiso, renunciando a cualquier derecho dinástico que pudiera corresponderle para ocupar el trono británico, tanto de él como de sus descendientes”.
En un anexo adjunto aparecían varias conversaciones telefónicas entre la Policía Montada del Canadá y el Servicio Secreto Británico (MI6). Donde la policía canadiense advierte a este servicio de la detección de varios agentes rusos, que en colaboración con miembros de la tribu Hesquiaht, tradicional enemiga de los Ahousaht, y fuertemente comprometida con las reclamaciones indígenas de recuperación, tanto de los derechos históricos como territoriales sobre sus posesiones en la isla de Tofino, que les fueron arrebatadas en su día durante el proceso de colonización. Ante el Gobierno Canadiense, parecen dispuestos, por todos los medios, a evitar que el anillo de compromiso sea devuelto a la Corona; El anillo
Esta mañana el coronel de mi regimiento de la guardia me ha dicho que el chambelán de la corte quería verme a la hora del té para encargarme algo de parte de su majestad.
—¿Por qué precisamente a mí y no a cualquier otro soldado del regimiento? —he preguntado.
—Quizás porque eres uno de sus guardaespaldas preferidos —me ha contestado el envarado coronel.
Así que a las cinco de la tarde y vestido con el uniforme de gala del regimiento, como exigen las ordenanzas, me he presentado en el despacho del chambelán.
—¿Da usted su permiso, mi señoría?
—Sí, pase usted teniente y, por favor, tome asiento —me ha indicado el funcionario real, que, sin más preámbulos, me ha contado cual era la misión que debía llevar a cabo. Su majestad ha ordenado que parta usted lo antes posible hacia la Columbia Británica, más concretamente a la ciudad de Nanaimo, desde allí y con la ayuda de la policía montada canadiense tomará un ferri hasta la isla de Tofino, donde se entrevistará con el cacique indígena de los Ahousaht, que le entregará un anillo, que tendrá que traer a palacio.
—La misión parece fácil, ¿por qué he de contar con la ayuda de la policía? —pregunté.
—Porque el anillo es extremamente importante para mantener la estabilidad de la corona en un futuro próximo, ya que está relacionado con la posible existencia de una rama hasta hace poco desconocida de la familia reinante, uno de cuyos miembros podía reclamar el Principado de Gales y por tanto a convertirse con el tiempo en el o la futura reina de esta isla. La explicación de este lio dinástico la tiene usted en el dosier que le será entregado al final de esta entrevista. El dosier que contiene información que como comprenderá debe mantenerse en el más estricto de los secretos. Le deseo suerte en su misión teniente —me despide el chambelán, al tiempo que uno de sus secretarios me hace entrega de un abultado dosier de tapas negras con la leyenda “Alto secreto” en la tapa.
A la salida de la entrevista, soy escoltado sin demora por miembros de la policía secreta hasta el aeropuerto militar más cercano a Palacio, donde con los motores en marcha me espera el avión que debe trasladarme a la ciudad de Nanaimo. Con el aparato ya en el aire y un tiempo estimado de vuelo de unas 14 horas, me arrellano en el cómodo asiento de este jet privado, en el que aparte de la tripulación y una bella azafata no parece viajar nadie más, y con un vaso de whiski en la mano, me apresto a leer el dosier que me han entregado antes de apagar la luz y tratar de dormir algo.
“Se sabe que entre los años 1815 y 1820 del siglo XIX, al capitán de la Guardia del Dragón del Príncipe de Gales, Edwyn Burnaby, tatarabuelo de la reina Isabel II, estuvo destinado en la Columbia Británica, antes de su matrimonio en 1829 con Ana Carolina Salisbury, madre de Caroline Louisa Burnaby, abuela materna de la reina madre y bisabuela de Isabel II.
Parece ser que, durante esta estancia en Columbia, el capitán se enamoró perdidamente de la hija mayor del cacique de la tribu Ahousaht, Haida, con la que llegó a mantener relaciones carnales en varias ocasiones dejándola embarazada de un niño, Ojibwa, que nació poco antes de la vuelta a Inglaterra del militar. El capitán Burnaby prometió a su amante indígena, que volvería al año siguiente para llevarse a ambos a la metrópoli, promesa que nunca cumplió, pero habiendo entregado a la princesa Ahousaht un anillo de compromiso. Los descendientes de su hijo Ojibwa han custodiado desde siempre el anillo, que hoy se encuentra en posesión del bisnieto de Edwyn Burnaby, Mi’kmaq, que es a su vez el actual cacique de los Ahousaht.
Tras arduas negociaciones con los representantes de su Majestad y a cambio de una importante cantidad de dinero, Mi’kmaq se ha comprometido a devolver el anillo de compromiso, renunciando a cualquier derecho dinástico que pudiera corresponderle para ocupar el trono británico, tanto de él como de sus descendientes”.
En un anexo adjunto aparecían varias conversaciones telefónicas entre la Policía Montada del Canadá y el Servicio Secreto Británico (MI6). Donde la policía canadiense advierte a este servicio de la detección de varios agentes rusos, que en colaboración con miembros de la tribu Hesquiaht, tradicional enemiga de los Ahousaht, y fuertemente comprometida con las reclamaciones indígenas de recuperación, tanto de los derechos históricos como territoriales sobre sus posesiones en la isla de Tofino, que les fueron arrebatadas en su día durante el proceso de colonización. Ante el Gobierno Canadiense, parecen dispuestos, por todos los medios, a evitar que el anillo de compromiso sea devuelto a la Corona; obtienen así un medio de presión, mediante el chantaje, tanto al Gobierno de Su Majestad como al canadiense.
Ahora comprendo las razones de la dificultad de la misión que me ha sido encargada, de las que me advirtió chambelán.
Casi 15 horas después de mi despegue, aterrizo por fin en el aeropuerto de Nanaimo. En la pista me esperan la teniente Sarah de la Real Policía Montada y el agente Brown del MI6, mis compañeros en esta aventura.
Agustín Moreno, septiembre 2025obtienen así un medio de presión, mediante el chantaje, tanto al Gobierno de Su Majestad como al canadiense.
Ahora comprendo las razones de la dificultad de la misión que me ha sido encargada, de las que me advirtió chambelán.
Casi 15 horas después de mi despegue, aterrizo por fin en el aeropuerto de Nanaimo. En la pista me esperan la teniente Sarah de la Real Policía Montada y el agente Brown del MI6, mis compañeros en esta aventura.
Agustín Moreno, septiembre 2025odos los medios, a evitar que el anillo de compromiso sea devuelto a la Corona; obtienen así un medio de presión, mediante el chantaje, tanto al Gobierno de Su Majestad como al canadiense.
Ahora comprendo las razones de la dificultad de la misión que me ha sido encargada, de las que me advirtió chambelán.
Casi 15 horas después de mi despegue, aterrizo por fin en el aeropuerto de Nanaimo. En la pista me esperan la teniente Sarah de la Real Policía Montada y el agente Brown del MI6, mis compañeros en esta aventura.
Agustín Moreno, septiembre 2025