Soldados


Hoy, mientras pasaba por un pequeño pueblo de la provincia de Soria, al que he venido de excursión, me he sentado en un banco de la plaza, fatigado de ir de aquí para allá. En el mismo banco, a mi lado, dos ancianos se contaban batallitas sobre su servicio militar allá por los años 60 del pasado siglo.
-¿Te acuerdas de aquel teniente tan estirado que llegó a nuestra compañía directamente de la Academia?, -le estaba diciendo el anciano que tenia a mi lado a su compañero.
-Cómo no me voy a acordar, si parecía que tenia un palo metido por el culo. No me extraña que se llevara tan mal con nuestro sargento, -respondió el aludido.
-Pero los que pagábamos el pato éramos nosotros, que el tenencillo con tal de ganar prestigio se apuntaba a todas las maniobras y nosotros a pencar corriendo con el cetme a cuestas arriba y abajo por aquellos cerros.
Llevado por la curiosidad no me he podido resistir a preguntar a los ancianos.
-¿Perdonen?, ¿de qué quinta eran ustedes? Yo hice la mili en el 75.
-Nosotros somos de la quinta del 65 e hicimos juntos el servicio militar en el Regimiento de Infantería San Marcial número 7 de Burgos. Quince meses vestidos de caqui, nada menos, -contestó uno de ellos.
-Pero a usted, por la fecha, le debió tocar la muerte de Franco, ¿no? me preguntan casi al unísono.
-Sí, y estuvieron a punto de mandarnos a África, por lo de la Marcha Verde.
-Y, ¿dónde hizo usted la mili?, continúa preguntando mi interlocutor.
-En Madrid, en la Brigada Topográfica.
-O sea, que era usted un enchufado, porque, por lo que tengo entendido, en la Topográfica, solo había enchufados. ¿Era usted futbolista o algo así?
-No, no era futbolista, pero es verdad que me destinaron allí gracias al enchufe que me proporcionó un tío mío, que era comandante de la Legión. ¿Pero como sabe usted que en la Topo la mayoría estábamos enchufados?
-Porque me lo contó un primo mío al que le tocó hacer la mili en el Cuartel General del Ejercito. Ya sabe, en batallón de honores, ese que sacaban a desfilar cada vez que había en Madrid algún acontecimiento importante. Nosotros, como éramos de este pueblo y agricultores, no tuvimos tanta suerte, ya ve.
La conversación continúa sin descanso por los mismos derroteros, entre recuerdos y aventurillas de nuestros respectivos servicios militares y podía haber seguido así durante bastante rato, si no hubiese recordado de repente que a las seis salía el autobús para devolver a los miembros de nuestra excursión al hotel de Soria de donde habíamos salido esta mañana. Una excursión de jubilados, en la que, pensé, todos los hombres que participábamos seguramente habíamos hecho la mili en algún momento de nuestros recién estrenados 21 años. Y es que si algo tiene en común el genero masculino de este país, desde el año 1800, en el que se instauró el reclutamiento militar obligatorio, hasta 2001 en que se abolió definitivamente es el de ponerse a charlar sobre su mili a la menor ocasión.


Deja un comentario