Cartas a un soldado

El médico

Doctor Alexander Luria

Clínica Internacional de la Universidad de Moscú

Avenida de Lenin, 16

Moscú

Leningrado, 25 de mayo 1947

Estimado colega y amigo,

Le escribo esta breve misiva para ponerle al tanto de los datos clínicos más relevantes del paciente Avgustin Temho (Número de expediente AT2001), al que acabo de remitir para ser tratado por usted de su “neurosis de guerra” desde el Hospital Militar Nº 5 de Leningrado.

El sargento Temho, fue ingresado en nuestra institución el 15 de enero de 1946, cuando, a punto de ser licenciado de su Unidad, empezó a dar síntomas de un desequilibrio mental severo, solo explicables, según nuestro parecer, por las experiencias traumáticas sufridas durante su participación en alguno de los combates más duros de nuestra Gran Guerra Patria.

Avgustin Temho no había presentado síntomas observables de neurosis de guerra durante sus más de tres años de servicio, a pesar de haber sido herido varias veces. Es más, dado su arrojo y valentía en el combate, fue reconocido con la la Orden de la Guerra Patria de 2ª clase y la Orden de Bogdán Jmelnitski de 3.ª clase.

Solo tras la entrada de nuestras victoriosas tropas en Berlín el sargento empezó a presentar alguno de los primeros síntomas de su enfermedad: abuso del alcohol, falta de concentración, mutismo y en ocasiones convulsiones musculares ante cualquier ruido. Tras un tiempo de ingreso en el 2º hospital de campaña en las afueras de la ciudad, a petición del medico de su compañía y la persistencia de los síntomas, fue trasladado con cierta urgencia a nuestro hospital, donde hemos estado tratándole con metanfetaminas a dosis moderadas, aislamiento y cura de sueño inducido más psicoterapia analítica, con solo pequeñas mejorías. El aumento de síntomas de conversión como la incontinencia urinaria, parálisis momentánea de las extremidades, sordera, etcétera. nos ha llevado a la conclusión de que el sargento Temho, necesita para su recuperación asistencia especializada como la que presta la institución que usted dirige, por lo que hemos pedido su traslado a Moscú.

Quedando a su disposición para cualquier información complementaria que se pueda requerir sobre este caso, se despide su camarada y amigo,

Coronel Sergey Solovióv.

Hospital Militar Nº 5 Leningrado.

PD: Espero tener el placer de verte durante las vacaciones para jugar una de nuestras partidas de ajedrez

La esposa

Sargento Avgustin Temho

Clínica Internacional de la Universidad de Moscú

Pabellón 19

Avenida de Lenin, 16

Moscú

Kémerovo, 7 de septiembre 1947

Querido Агус. He conocido por los camaradas de la Comandancia del Ejercito Rojo en Kémerovo que has sido trasladado a la Clínica Internacional de la Universidad de Moscú para continuar con el tratamiento de tu enfermedad.

Quisiera estar en Moscú para tenerte cerca de mí. No sabes cuanto te echo de menos, pero me ha sido imposible conseguir el salvoconducto de viaje, a pesar de haber recurrido a todos nuestros conocidos en las delegaciones provinciales, tanto del Comisariado de Guerra, como de la Milítsiya y los camaradas del Partido.

Espero que el traslado a ese famoso hospital de Moscú, de cuyos tratamientos en casos de enfermedades como la tuya se escuchan maravillas, sirva para que podamos reencontrarnos pronto y besarte y abrazarte de nuevo, ya que nuestro lecho esta muy frio sin tu hermoso cuerpo a mi lado.

Por mí no tienes que preocuparte, pues gracias a ser la esposa de un soldado enfermo a causa de la guerra, pero condecorado dos veces por su valor, he podido continuar trabajando en las oficinas de la fabrica de tanques, que el Estado está reconvirtiendo rápidamente en fabrica de tractores, cumpliendo las directrices para la reconstrucción del camarada Stalin, lo que me permite seguir manteniendo la cartilla de racionamiento de primer grado.

Por cierto, el mes pasado vinieron a visitarme algunos camaradas ya desmovilizados de tu compañía y me trajeron los “obsequios” que habías conseguido en Berlín. Tu padre está encantado con el reloj de pulsera que le enviaste, pero yo he preferido guardar los juegos de sabanas y otras “cosillas” para estrenarlas cuando podamos estar juntos.

Espero que tu estado te permita escribirme pronto, ya me han comentado los médicos de tu hospital que aún no estas en condiciones de hacerlo. Por cierto, son muy amables y cariñosos conmigo, a pesar de las dificultades para poder hablar por teléfono de estos días, suelen llamar a la fabrica casi todas las semanas para decirme cómo estás.

Bueno no quiero cansarte más de lo debido, pero te prometo que ahora que sé tus señas, procuraré escribirte todas las semanas.

Un beso de esta tu esposa que te echa de menos,

Aliona

El padre

Sargento Avgustin Temho

Clínica Internacional de la Universidad de Moscú

Pabellón 19

Avenida de Lenin, 16

Moscú

Andreevka, 2 de septiembre 1947

Querido Агус. He conocido por el camarada Dmitry capitán de la Milítsiya del Distrito, que has sido trasladado a la Clínica Internacional de la Universidad de Moscú para continuar con el tratamiento de tu enfermedad.

Según me comenta el capitán has tenido una tremenda suerte al ser trasladado a ese hospital ya que su director, el camarada Alexander Luria, es un especialista en trastornos como el tuyo de fama mundial. El policía cree que tu traslado se debe sobre todo a que seas poseedor de dos medallas al valor que acreditan de sobra tu honorabilidad como soldado del Glorioso Ejercito Rojo, que alejan de las autoridades del Estado cualquier sospecha de cobardía por fingimiento de tus síntomas.

Tu madre y yo estamos tremendamente orgullosos de ti y de tu comportamiento como soldado. Lo estuvimos cuando con tan solo 19 años alcanzaste el grado de sargento, un suboficial muy querido por sus subordinados, según nos comentaron tus camaradas el día que vinieron a visitarnos. Y lo seguíamos estando cuando tus fotografías aparecían en los periódicos recibiendo alguna de tus medallas y éramos felicitados por el responsable político del koljós.

De aquí hay pocas cosas que decirte. Gracias a vuestros esfuerzos y la sabia dirección de la Guerra por el camarada Stalin, los malditos alemanes no asomaron sus feas narices por aquí, lo que nos permitió seguir con las cosechas cumpliendo todos los años la cuota marcada por el Comisariado.

Lo que sentimos en el alma es no poder ir a verte a Moscú, pero tanto tu madre como yo estamos desando verte entrar, ya recuperado, por la puerta.

Tu mujer bien. Continúa trabajando en la fabrica de Kémerovo y como siempre se muestra muy cariñosa con nosotros. Es una lástima que con la guerra no nos hayáis podido dar ningún nieto, pero con el tiempo supongo que todo se andará.

Bueno, hijo, te dejo y ya te iremos escribiendo. Un beso de tu madre y mío,

Avgustin y Katia Temho